Geopolítica · Actualizado 12/09/2026

Rusia afianza su influencia global frente a la fractura occidental

El Kremlin consolida su posición internacional apoyado en su alianza con Pekín y los BRICS

Rusia afianza su influencia global frente a la fractura occidental

Foto: Genover y de Balle, Ignacio de (licencia PUBLIC DOMAIN, vía Wikimedia Commons)

El especialista Andréz Kortunov señala en Foreign Affairs que Moscú ejerce una influencia desproporcionada en los asuntos globales, desafiando el aislamiento occidental y las sanciones económicas impuestas.

Treinta y cinco años después de la desintegración de la Unión Soviética, Rusia se mantiene como una superpotencia nuclear y un actor principal en la escena internacional. Frente a los pronósticos occidentales de colapso económico y aislamiento político, el Kremlin ha reforzado su posición gracias a su alianza sin límites con Pekín y al impulso de organismos no occidentales como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. Este fenómeno ocurre apenas unos días después de [xi-jinping-viaja-a-india-para-una-cumbre-de-los-brics-eclipsada-por-las-guerras-c70c9e], evidenciando la consolidación de bloques alternativos al orden tradicional.

La situación actual de fragmentación e inestabilidad global favorece las fortalezas estratégicas rusas. La volatilidad, los conflictos activos, el retroceso de la globalización y las fisuras en la alianza transatlántica han permitido a Moscú eludir el muro de sanciones occidentales y mantener la estabilidad política y social interna. Mientras Europa continúa suministrando armamento a Ucrania, el papel de Vladímir Putin en la política internacional experimenta un proceso de normalización gradual.

En este escenario de reconfiguración geopolítica, la ultraderecha europea comienza a tejer lazos institucionales con el poder ruso. Partidos como Alternativa para Alemania buscan establecer canales de comunicación con Moscú, sumándose a una estrategia que Marine Le Pen emprendió en Francia hace años. Esta aproximación de formaciones políticas clave en el corazón de Europa añade un factor de presión adicional sobre la unidad comunitaria frente al Kremlin.

El análisis advierte que la persistencia de esta ventaja rusa depende de la continuidad del desorden internacional. La situación podría modificarse si un futuro cambio de rumbo en la Casa Blanca tras la administración de Donald Trump logra restaurar el multilateralismo y la cohesión de la alianza occidental. No obstante, las declaraciones de los sectores más duros del partido republicano estadounidense apuntan hacia una continuidad en la confrontación.

En el plano militar, la guerra en Ucrania continúa sin perspectivas claras de alto el fuego, acompañada de un incremento generalizado en el gasto armamentístico europeo. A esto se suman actuaciones controvertidas de Rusia más allá de sus fronteras, incluyendo sabotajes en infraestructuras y amenazas veladas hacia los Estados Bálticos, recordando los momentos más tensos de la Guerra Fría.

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Mapa del conflicto

Zona afectada
  • 🇷🇺RusiaActúa como actor central que expande su influencia global y desafía las sanciones occidentales.
  • 🇺🇦UcraniaSoporta los bombardeos y la presión militar directa en el conflicto armado principal.
Se beneficia
  • 🇨🇳ChinaSe beneficia de la alianza estratégica sin límites con Moscú para consolidar un orden posoccidental.
Queda expuesto
  • 🇩🇪AlemaniaEnfrenta tensiones internas por el auge de partidos que buscan restablecer relaciones con el Kremlin.

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Otros medios, otras miradas

Hipótesis

Los principales beneficiarios de este reordenamiento son los actores estatales que desafían la hegemonía unipolar estadounidense, destacando el bloque eurasiático formado por Moscú y Pekín, así como las élites políticas que capitalizan el descontento nacionalista en Occidente. La capacidad de Rusia para resistir la presión económica demuestra que los mecanismos de sanción financiera pierden eficacia cuando existen circuitos comerciales alternativos y potencias dispuestas a sostenerlos.

Históricamente, este escenario evoca los ciclos de bipolaridad y multipolaridad inestable característicos de los periodos de transición hegemónica, donde las potencias periféricas aprovechan la fatiga de los imperios dominantes para ampliar su área de influencia. Ya en los años 90 se vaticinó el declive definitivo de Moscú tras la caída soviética, un error de cálculo estratégico que subestimó la resiliencia estructural de los estados con arsenales estratégicos y recursos energéticos críticos.

Desde una perspectiva analítica disidente, se apunta que la propia presión occidental y la imposición de sanciones masivas actúan a menudo como aceleradores involuntarios de la desdolarización y de la integración de bloques económicos autárquicos. Lejos de aislar a Moscú, las medidas punitivas han obligado a la consolidación de una arquitectura financiera paralela que debilita a largo plazo el monopolio de influencia tradicional de Washington y Bruselas.

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