En las últimas horas, una oleada de drones ucranianos ha golpeado al menos cinco instalaciones críticas en territorio ruso y zonas bajo ocupación, destacando el impacto directo sobre la planta de productos petrolíferos de Novoshakhtinsk, situada en la región sureña de Rostov. El gobernador regional, Yury Slyusar, confirmó que las instalaciones, con una capacidad de procesamiento de 110.000 barriles diarios, sufrieron daños severos que obligaron a detener de inmediato sus operaciones y a dejar la refinería fuera de servicio.
Este sabotaje aéreo forma parte de una campaña sistemática llevada a cabo por las fuerzas de Kiev para erosionar la capacidad de refinado, el suministro de combustible a las líneas del frente y los ingresos por exportación de Moscú. La estrategia ha provocado un déficit continuado de gasolina y diésel en el mercado interno ruso desde la pasada primavera, forzando al Gobierno a aplicar vetos a la exportación de carburantes que previsiblemente se prorrogarán para garantizar reservas de cara al invierno.
El ataque se registra a pesar de que representantes de ambos bandos mantienen conversaciones indirectas con funcionarios estadounidenses en Nueva York orientadas a explorar vías de desescalada en el conflicto energético. Sin embargo, sobre el terreno la dinámica bélica no se detiene, con cruces continuos de bombardeos que en las últimas semanas han afectado tanto a infraestructuras de refino rusas —como la planta cercana a Moscú y la de Yaroslavl— como a instalaciones clave en territorio ucraniano.
La presión sobre el suministro ruso de refinados se entrelaza además con las tensiones geopolíticas globales en Oriente Medio, estrechando los mercados internacionales de destilados medios y encareciendo la energía a escala transcontinental. La persistencia de estos ataques demuestra la vulnerabilidad del sector energético ruso frente a la tecnología de drones de bajo coste y la incapacidad de los canales diplomáticos actuales para frenar la guerra de desgaste.
Esto ocurre apenas unos días después de ucrania-golpea-infraestructura-petrolera-y-militar-rusa-en-represalia, y no parece casualidad que la campaña de ataques aéreos contra refinerías y centros logísticos se intensifique de forma coordinada coincidiendo con los contactos diplomáticos internacionales, evidenciando que ambos actores utilizan la presión sobre los recursos estratégicos como principal moneda de cambio.