Se han formado largas colas en las estaciones de servicio de Teherán este martes, después de que Estados Unidos anunciara una nueva ronda de sanciones dirigidas contra Irán. La información, difundida por la agencia AFP, señala que las medidas se producen tras seis meses de guerra que ha desembocado en un estancamiento militar, con las conversaciones de paz paralizadas y la mayor parte del tráfico bloqueado en el estratégico estrecho de Ormuz.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, expuso el lunes los planes para lograr lo que denominó la asfixia económica de Irán. El objetivo declarado por Washington es cortar cada línea de vida económica que sostiene al régimen iraní, incrementando así la presión financiera sobre el país.
Por su parte, las autoridades iraníes han restado importancia a las amenazas de Washington, recordando que la nación ha convivido con sanciones estadounidenses durante décadas. No obstante, los residentes en la capital han mostrado su preocupación ante la posibilidad de que estas restricciones agraven los problemas de suministro de combustible y profundicen la crisis en la economía general.
La incertidumbre sobre la disponibilidad y los precios del carburante se multiplica a medida que las decisiones de la administración estadounidense impactan directamente en el día a día de la población civil iraní. Este escenario de tensión financiera y comercial se enmarca en la escalada de medidas punitivas anunciadas por Washington en las últimas semanas.
Esta situación de presión económica y estrangulamiento comercial guarda relación directa con otros movimientos previos de la superpotencia norteamericana, ocurriendo apenas unos días después de [ee-uu-impone-una-nueva-ronda-de-sanciones-contra-60-entidades-ligadas-a-iran-030573], lo que confirma una estrategia coordinada y sostenida en el tiempo.