Socioeconómico · Actualizado hace 6 d

La dependencia de fertilizantes extranjeros pone en jaque la soberanía

El cierre de rutas comerciales y el conflicto de Irán estrangulan el suministro agrícola español.

La dependencia de fertilizantes extranjeros pone en jaque la soberanía

Ilustración editorial de Sin Filtro — sin fotografía libre de derechos disponible para esta noticia.

La agricultura española afronta una grave vulnerabilidad por su dependencia de materias primas extranjeras para la fabricación de fertilizantes, agravada por las tensiones geopolíticas globales. Organizaciones agrarias y expertos señalan que el encarecimiento de los insumos amenaza con hundir la rentabilidad de las explotaciones y disparar los precios de los alimentos.

La producción agrícola en España se encuentra sustentada de forma crítica sobre fertilizantes químicos cuyas materias primas proceden mayoritariamente del exterior. Este modelo productivo, consolidado desde la Revolución Verde, triplicó la aplicación de fertilizantes inorgánicos y vinculó de forma directa el sector primario a la estabilidad de las rutas comerciales internacionales.

El detonante reciente de esta crisis radica en el impacto de los conflictos geopolíticos, especialmente el cierre del estrecho de Ormuz derivado de la guerra en Irán, que ha estrangulado el suministro de gas natural y compuestos nitrogenados esenciales. Como resultado, las materias primas necesarias para los abonos han duplicado o triplicado su precio en los mercados internacionales.

Los principales actores implicados en esta cadena de suministro son potencias y proveedores estratégicos como Argelia, que abastece gran parte del gas natural español, además de Israel, Marruecos y Egipto, que controlan volúmenes clave de potasio, amoníaco y fosfatos. La posición de Marruecos es especialmente dominante al concentrar, junto al Sáhara Occidental, más del 70% de las reservas mundiales de fosfatos.

Los intereses en juego contraponen los márgenes de supervivencia de los agricultores frente al control corporativo y la especulación de los grandes poderes económicos con los insumos básicos. Mientras las asociaciones de productores denuncian que los costes asfixian al sector sin que este pueda repercutirlos en el precio final, los ecologistas abogan por un giro radical hacia la agroecología y la reducción de la dependencia exterior.

Esta situación de vulnerabilidad energética y alimentaria se solapa con un escenario de máxima tensión internacional, conectando directamente con crisis previas como la advertida en Bruselas exige recortar el consumo energético ante la crisis de la guerra, donde el bloqueo de los recursos básicos se utiliza como una herramienta de presión sobre los mercados europeos.

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Otros medios, otras miradas

Hipótesis

Detrás de este desabastecimiento artificial se benefician los grandes fondos de inversión y las corporaciones multinacionales que controlan el oligopolio de los fertilizantes y las cadenas logísticas globales, utilizando la inestabilidad bélica para justificar subidas de precios desproporcionadas y asegurar el control sobre los recursos alimentarios básicos.

Históricamente, la subordinación de la agricultura a los mercados petroquímicos y globales ha seguido un patrón cíclico de dependencia en cada gran crisis geopolítica, desde las perturbaciones provocadas por la pandemia hasta los sucesivos conflictos en Oriente Medio y Ucrania, demostrando que la seguridad alimentaria de los Estados se sacrifica sistemáticamente en aras de la integración comercial y el beneficio corporativo.

Desde una perspectiva crítica ajena al relato oficial, se apunta que la dependencia de los abonos químicos no es una necesidad agronómica ineludible, sino un diseño político deliberado para desmantelar la agricultura campesina local, destruir la soberanía alimentaria de los países periféricos y someterlos al dictado de los mercados financieros y las alianzas geoestratégicas de las potencias dominantes.

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