El Gobierno israelí ha decidido romper amarras diplomáticas con el Reino Unido en una escalada sin precedentes tras las sanciones anunciadas por Londres. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, ha confirmado que Israel procederá al cierre inmediato del consulado británico situado en Jerusalén Este ocupado y expulsará a los representantes británicos del Centro Internacional de Apoyo a Gaza en Kiryat Gat.
La respuesta de Tel Aviv incluye también la prohibición de entrada al país para doce funcionarios y parlamentarios británicos, entre los que figuran figuras políticas destacadas como Jeremy Corbyn y Zarah Sultana. Asimismo, el Ejecutivo israelí ha decidido poner fin a los programas de entrenamiento que el Reino Unido venía ofreciendo a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina en Ramala.
Este movimiento llega apenas unos días después de que londres prohíbe el comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania, una decisión que el jefe de la diplomacia israelí no ha dudado en tildar públicamente de 'despreciable'. La medida británica contra las colonias en territorio ocupado ha desatado una crisis diplomática inmediata que trunca la cooperación militar y consular en la zona.
La tensión entre ambos gobiernos refleja el creciente aislamiento internacional al que se enfrenta el Ejecutivo israelí a causa de su política de asentamientos y la gestión del conflicto. La decisión de expulsar a supervisores y cancelar entrenamientos policiales palestinos gestionados por Londres evidencia que Tel Aviv no tolerará medidas punitivas de potencias occidentales.
Esto ocurre apenas unos días después de [londres-prohibe-el-comercio-con-los-asentamientos-israelies-en-cisjordania-bc56a7], y no parece casualidad que la respuesta israelí sea frontal y contundente contra los intereses británicos en la región. La ruptura de canales diplomáticos tradicionales consolida un escenario de confrontación abierta entre aliados históricos a raíz de la cuestión territorial.