El ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, advirtió este martes de que su país tomará medidas de represalia contra el Reino Unido si el primer ministro británico, Andy Burnham, concreta el anuncio de sanciones. Según informaciones recientes, el Ejecutivo británico estudia aprobar un veto a la importación de productos procedentes de los asentamientos israelíes ilegales en Cisjordania. La respuesta de Saar fue tajante durante una intervención en un podcast, donde afirmó sin ambages que si Gran Bretaña actúa contra el Estado de Israel, el Estado de Israel actuará contra Gran Bretaña.
Este choque diplomático sitúa al Gobierno laborista británico en una posición delicada frente a uno de sus socios estratégicos históricos en materia de seguridad e inteligencia. La medida que baraja Londres responde a la creciente presión interna y a los cuestionamientos internacionales sobre la legalidad de la ocupación en Cisjordania, un territorio cuyo estatus sigue generando fricciones constantes en la diplomacia europea y occidental.
Por parte de Israel, la reacción refleja la estrategia de tolerancia cero ante cualquier iniciativa punitiva de potencias occidentales, incluso de aliados tradicionales. La administración de Netanyahu busca disuadir a Londres de sentar un precedente que otros países europeos puedan replicar, utilizando la amenaza de represalias mutuas como herramienta de presión política en el tablero internacional.
Los intereses en juego trascienden el plano meramente comercial, ya que afectan a los flujos de cooperación en defensa, inteligencia y diplomacia bilateral acumulados durante décadas. Las restricciones sobre los asentamientos golpearían directamente la economía de los territorios ocupados, un pilar fundamental para la política de expansión territorial que Tel Aviv defiende a pesar de la condena de organismos supranacionales.
Este pulso diplomático con Londres ocurre apenas unos días después de que el Gobierno vincule a Rusia e Israel con la amplificación de la crisis ceutí, reflejando un patrón donde la política exterior israelí y sus relaciones con terceros países se ven cada vez más entrelazadas con tensiones geopolíticas globales y regionales.