Los trabajadores de la industria del automóvil de Alemania han dicho basta y han salido masivamente a la calle para protestar contra la oleada de 150.000 despidos, cierres de fábricas y planes de reducción de costes que sacuden al sector. Un total de 175.000 empleados han participado en 280 movilizaciones convocadas por IG Metall en centros de producción de fabricantes y proveedores de todo el país. Pese a su trascendencia económica, la protesta ha quedado en un segundo plano ante el impacto causado por el avance de la extrema derecha en las elecciones regionales alemanas.
El sindicato metalúrgico sostiene que la competitividad del sector no se recuperará mediante nuevos ajustes sobre las plantillas, sino a través de inversiones directas en productos, tecnologías y fábricas. La movilización llega en un momento crítico para la industria, donde los anuncios de recortes de empleo superan los 150.000 puestos y la destrucción laboral ya se refleja en las estadísticas oficiales, tras perder más de 41.000 empleos solo durante 2025 y descender el volumen total a poco más de 730.000 trabajadores.
Volkswagen concentra buena parte de la tensión al preparar el mayor ajuste de empleo de su historia, con un objetivo que apunta a eliminar hasta 100.000 puestos durante esta década. El plan amplía el acuerdo alcanzado a finales de 2024 para recortar unos 50.000 empleos y reorganizar la producción en Alemania. El ajuste no se limita a este gigante, ya que BMW, Ford y Mercedes-Benz también aplican reducciones de plantilla, mientras que grandes proveedores como Bosch, ZF, Continental y Schaeffler preparan decenas de miles de salidas adicionales vinculadas a la transición hacia el vehículo eléctrico.
IG Metall acusa directamente a los directivos de haber reaccionado demasiado tarde en ámbitos cruciales como la digitalización, el desarrollo de vehículos asequibles y la producción de baterías, prefiriendo desviar inversiones al extranjero mientras recortaban la base industrial alemana. Frente a las demandas patronales de incrementar la jornada laboral hasta las 40 horas sin compensación equivalente, el sindicato defiende que Alemania necesita mantener su capacidad productiva y rechaza que la clase trabajadora asuma el coste de una crisis provocada por errores estratégicos de las élites corporativas.
Esta escalada del conflicto industrial se produce en un momento de máxima tensión comercial y económica en Europa, donde las disputas por los aranceles y la pérdida de mercados tradicionales como China estrangulan el modelo productivo europeo. Esto ocurre apenas unos días después de [pekin-y-berlin-cruzan-llamadas-para-frenar-la-escalada-comercial], y no parece casualidad que la debilidad industrial germana coincida con los desesperados intentos diplomáticos para contener una guerra comercial de proporciones imprevisibles.