Geopolítica · Actualizado 06/08/2026

Hamás presiona para asesinar a milicias respaldadas por Israel en Gaza

La campaña de ejecuciones coincide con la hoja de ruta para la segunda fase del alto el fuego en la franja.

Hamás presiona para asesinar a milicias respaldadas por Israel en Gaza

Ilustración editorial de Sin Filtro — sin fotografía libre de derechos disponible para esta noticia.

Hamás impulsa llamamientos en Gaza para liquidar a los miembros de milicias contrarias a su control respaldadas por Israel. Esta escalada interna de violencia surge justo cuando se debate el avance hacia la segunda fase del alto el fuego acordado.

El Jerusalem Post ha informado sobre un incremento de las presiones y llamamientos por parte de Hamás para que la población de Gaza elimine a los integrantes de milicias locales respaldadas por Israel. Estos comandos armados se han convertido en un objetivo prioritario dentro de la disputa por el control territorial y civil de la franja. La campaña de señalamiento y amenazas busca descabezar cualquier alternativa de poder local que no responda directamente a las directrices de Hamás en el enclave.

Este movimiento estratégico se produce en un momento de extrema fragilidad institucional y social en Gaza, donde la población civil sufre las consecuencias de la destrucción masiva y la falta de suministros básicos. Las milicias apoyadas por Israel operan en un terreno abonado por la desconfianza mutua y la supervivencia, buscando disputar el monopolio de la fuerza que Hamás ha mantenido durante años. La respuesta del grupo islamista ha sido endurecer la persecución interna bajo la acusación de colaboración con el exterior.

En el centro de esta pugna se encuentran los actores armados locales y las agencias de seguridad israelíes, que ven en estas milicias una herramienta de contención y control de la población. Por su parte, Hamás utiliza todos los resortes a su alcance para neutralizar cualquier conato de oposición interna que pueda debilitar su posición negociadora y su dominio de facto sobre el territorio. La violencia se traslada así de los frentes militares tradicionales a una guerra sucia por el control de las calles.

La coincidencia temporal de estos asesinatos selectivos y llamamientos con el anuncio de la segunda fase del alto el fuego no es casual. Esto ocurre apenas unos días después de ocho naciones condenan la ofensiva israelí contra hospitales en Gaza, y refleja cómo los actores armados intentan posicionarse de manera ventajosa ante cualquier repliegue o cambio en el tablero militar. La tregua, lejos de calmar la situación, abre un nuevo frente de disputa por el poder político y el control de los remanentes de la administración civil.

La situación en la franja demuestra que el cese de las operaciones militares a gran escala no implica pacificación, sino una mutación del conflicto hacia formas de violencia soterrada y ajuste de cuentas. La población gazatí queda atrapada entre la ocupación exterior y el férreo control interno de unas facciones dispuestas a eliminar cualquier disidencia para asegurar su supervivencia en el nuevo orden que se negocia tras las bambalinas internacionales.

Noticia generada y contrastada mediante fuentes múltiples. Puede contener imprecisiones; verifica siempre con las fuentes citadas.

Mapa del conflicto

Zona afectada
  • 🇵🇸PalestinaSufre la violencia interna y los asesinatos selectivos entre milicias rivales y Hamás en el marco de la tregua.
Se beneficia
  • 🇮🇱IsraelSe beneficia tácticamente de la fragmentación de la resistencia interna y el desgaste mutuo entre facciones palestinas.
Queda expuesto
  • 🇵🇸PalestinaPierde cualquier posibilidad de cohesión social y resistencia civil unificada frente a la ocupación.

Lectura geopolítica de la redacción a partir de las fuentes citadas — no es una atribución oficial.

Otros medios, otras miradas

Hipótesis

Los principales beneficiarios de esta fragmentación y violencia interna son los sectores más radicales de ambos bandos, que utilizan el caos para justificar la persistencia de las armas y la anulación de cualquier salida política negociada. Para Hamás, eliminar la competencia local es vital para mantener su estatus como único interlocutor palestino de peso, mientras que para el aparato de seguridad israelí, la existencia de milicias colaboracionistas fragmenta la resistencia y debilita la cohesión social en la franja.

Este tipo de dinámicas responde a un patrón histórico conocido en conflictos asimétricos y territorios ocupados, donde las potencias dominantes o las facciones armadas irregulares recurren a la subcontratación de la violencia y a la purga de colaboradores para asegurar el control sin asumir el coste directo. Desde la época de los comités de aldea en Cisjordania durante los años ochenta hasta los actuales grupos de autodefensa tutelados, la estrategia de enfrentar a sectores locales entre sí para desgastar al enemigo interno es una constante en la gestión de los conflictos de baja y alta intensidad en Oriente Medio.

Los analistas críticos señalan que este tipo de enfrentamientos internos son a menudo funcionalmente útiles para los intereses de perpetuación del conflicto, ya que desvían la atención de la crisis humanitaria y de las responsabilidades políticas de la ocupación. Al convertir la lucha contra el ocupante en una guerra civil de baja intensidad entre vecinos, se destruye el tejido social necesario para cualquier reconstrucción futura, dejando el terreno expedito para el dominio de los actores armados más implacables.

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