La situación en la Franja de Gaza continúa marcada por el deterioro extremo de las condiciones de vida y el colapso de la infraestructura sanitaria. Un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que uno de cada cuatro palestinos heridos desde octubre de 2023 vive con lesiones medulares, cerebrales u otras condiciones que cambian sus vidas de manera permanente, en un contexto donde la entrada de suministros de rehabilitación sigue severamente restringida. De las más de 172.000 personas heridas, se calcula que 43.000 sufren traumatismos graves, amputaciones o quemaduras mayores, mientras que las agencias humanitarias denuncian que no entró equipamiento de rehabilitación entre mayo de 2024 y abril de 2026.
El territorio se ha convertido en un entorno donde una masa de supervivientes convive con cuerpos permanentemente alterados y una infraestructura totalmente devastada. A pesar de la entrada en vigor de un supuesto alto el fuego en octubre, Israel ha continuado bloqueando o restringiendo severamente la ayuda médica y los suministros básicos. Durante los primeros nueve días de agosto de 2026, por ejemplo, solo dos de las 878 cargas de camiones comerciales que ingresaron a través del cruce de Kerem Shalom transportaban equipo médico, manteniendo el flujo en niveles claramente insuficientes para las necesidades de la población.
La violencia en la región ha adoptado formas y ritmos diferentes, pero los factores que producen muertes prematuras y prevenibles siguen intactos. Más del 82 por ciento de todas las estructuras en la Franja de Gaza, equivalentes a unas 200.000 edificaciones, han sufrido daños o destrucción total, dejando a más de 1.2 million de personas sin hogar y refugiadas en tiendas de campaña o edificios dañados. Este panorama de destrucción generalizada afecta especialmente a los miles de amputados y heridos crónicos que intentan recuperarse sin acceso a instalaciones sanitarias funcionales ni dispositivos de asistencia.
La falta de equipamiento básico y la destrucción sistemática del sistema de salud convierten las lesiones tratables en discapacidades permanentes. Las agencias internacionales señalan que los centros de rehabilitación operan bajo restricciones extremas de personal y suministros, impidiendo que la gran mayoría de los amputados, incluidos miles de niños, reciban prótesis permanentes o fisioterapia adecuada. Esto ocurre apenas unos días después de [la-oms-advierte-del-colapso-sanitario-y-riesgo-de-epidemias-en-gaza], y no parece casualidad dentro del patrón general de asfixia institucional de los servicios básicos en la zona.
Esta crisis humanitaria prolongada se inscribe en un contexto de operaciones militares continuas y ocupación territorial que se extiende por buena mitad de la Franja de Gaza. La persistencia de estas restricciones estructurales demuestra que la violencia actual no se limita a los bombardeos directos, sino que opera mediante una forma más lenta de destrucción que condena a los supervivientes a la precariedad permanente.