Las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico han mostrado una recuperación significativa, alcanzando entre 15 y 16 millones de barriles diarios desde el mínimo registrado en marzo de entre 5 y 6 millones. Este repunte se produce a pesar de que el flujo de crudo sigue encontrándose por debajo de los niveles anteriores al conflicto, con una reducción estimada de entre 7 y 8 millones de barriles diarios.
El factor determinante en esta reactivación ha sido el despliegue de una flota de petroleros conocidos como 'dark tankers', operados por transportistas especializados que realizan transferencias de barco a barco para desafiar el bloqueo impuesto por Irán en el Estrecho de Ormuz. Esta adaptación logística ha permitido mitigar parcialmente los temores de una interrupción prolongada en el principal punto de estrangulamiento marítimo mundial.
El presidente Donald Trump ha mantenido una postura intransigente frente a Teherán, descartando reactivar el memorando de entendimiento alcanzado en junio e incluso publicando una imagen en redes sociales que representa el Estrecho de Ormuz como nuevo territorio de Estados Unidos. Analistas económicos señalan que esta estrategia se alinea con la acumulación de activos geopolíticos y energéticos bajo la administración estadounidense.
La crisis energética global actual, no obstante, mantiene graves tensiones en los mercados de derivados refinados. El diferencial del gasóleo en Estados Unidos ha registrado niveles récord, lo que demuestra que los cuellos de botella persisten a pesar de la mayor circulación de crudo por la vía marítima afectada por el conflicto armado.
Todo esto ocurre apenas unos días después de [seis meses de guerra contra iran: el fracaso del plan inicial de EE.UU. e Israel], y no parece casualidad en un escenario donde el desgaste militar se cruza con los intereses de control energético global.