La organización de Eurovisión ha anunciado este miércoles una serie de nuevas reglas que afectan directamente a la celebración del certamen musical europeo. Entre las principales medidas destaca la prohibición de que el festival se celebre en países que se encuentren en guerra o sean considerados geopolíticamente sensibles. La entidad evaluará de forma estricta si el país ganador cuenta con las garantías suficientes para acoger el evento con seguridad.
Esta decisión institucional marca un giro en la gestión de un evento de alcance masivo que históricamente ha intentado mantenerse al margen de las tensiones bélicas. Las recurrentes crisis internacionales y la polarización geopolítica han forzado a los organizadores a blindar el certamen frente a posibles boicots, protestas o riesgos directos sobre los asistentes y delegaciones participantes.
Además de las restricciones geográficas y de seguridad, el paquete de medidas aprobado incluye modificaciones técnicas y normativas relevantes. La organización ha decidido elevar a 18 años la edad mínima requerida para los intérpretes que suban al escenario, endureciendo los criterios de protección a menores en un formato de alta exposición mediática.
Asimismo, el nuevo reglamento limita de manera significativa el uso de material pregrabado en las actuaciones, buscando potenciar la interpretación en directo y reducir el margen de manipulación técnica en las galas. Estas limitaciones suponen un cambio operativo para las delegaciones nacionales de cara a las próximas ediciones.
Este movimiento normativo guarda relación con el clima de inestabilidad global que ya ha obligado a la organización a revisar sus protocolos previos, tal como se reflejó en la normativa sobre países en conflicto armado analizada en [eurovision-prohibre-participar-como-anfitriones-a-paises-en-conflicto-armado-92047d]. Las estructuras culturales e internacionales se ven obligadas a adaptarse a un tablero de poder cada vez más fragmentado.