El Gobierno de Estados Unidos ha puesto en marcha una campaña masiva para aislar económicamente a Irán y a sus socios comerciales, con especial atención a China, en lo que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha calificado como el inicio de un D-Day financiero. La ofensiva busca forzar a Teherán a volver a la mesa de negociación mediante un bloqueo sin precedentes que busca cortar cualquier vía de supervivencia económica para el régimen.
El anuncio llega respaldado por la constatación de que la influencia iraní sobre el estratégico estrecho de Ormuz se ha erosionado notablemente. Los datos recientes muestran un incremento del 400% en el tránsito comercial a través del corredor supervisado por el ejército estadounidense frente a las costas de Omán, mientras la administración norteamericana califica de facto la zona como territorio bajo su control.
En el centro de esta estrategia se encuentran los actores estatales y corporativos que mantengan lazos comerciales con la República Islámica. El secretario del Tesoro advirtió que cualquier vínculo pendiente con Teherán acelerará el ostracismo económico de dichos países bajo la premisa de que están con Washington o contra él.
Esta asfixia financiera tiene un reflejo directo en la población civil iraní, donde los precios de productos básicos como el arroz y la carne se han disparado hasta un 150%, mientras el Fondo Monetario Internacional proyecta una contracción del 5% para la economía del país. A ello se suma la caída histórica de la moneda local, el rial, que ha alcanzado mínimos récord en el mercado abierto.
Este movimiento se produce apenas unos días después de [ee-uu-amenaza-a-iran-con-una-ofensiva-financiera-total-y-teheran-responde-fc035b], consolidando una escalada que busca materializar por la vía financiera lo que las operaciones militares previas dejaron pendiente en el terreno industrial y energético.