Washington endurece las sanciones secundarias para obligar a terceros países a cortar lazos con Teherán.
Ilustración editorial de Sin Filtro — sin fotografía libre de derechos disponible para esta noticia.
Estados Unidos ha puesto en marcha una nueva campaña de sanciones secundarias contra Irán, buscando estrangular sus vías de financiación y forzando a los socios comerciales de Teherán a elegir entre comerciar con el país persa o acceder al sistema financiero estadounidense. Esta ofensiva se produce en un momento de estancamiento de los intentos de tregua.
Estados Unidos abrió este lunes un nuevo frente en la confrontación con Irán al poner en marcha la denominada Operación Furia Económica, una agresiva campaña de sanciones secundarias diseñada para cortar las principales vías de financiación de Teherán.
La medida busca presionar directamente a terceros países, colocándolos en la encrucijada de elegir entre mantener sus relaciones comerciales con Irán o conservar el acceso al sistema financiero de Estados Unidos.
Esta nueva ofensiva geopolítica llega cuando el conflicto en curso se acerca ya a los seis meses, en un escenario marcado por los repetidos y fallidos intentos de alcanzar una tregua duradera en la región.
La estrategia de Washington profundiza la presión económica extrema sobre la República Islámica, un movimiento que se encadena con anteriores advertencias y medidas punitivas de la administración estadounidense sobre los socios comerciales del país persa.
Esto ocurre apenas unos días después de ee-uu-lanza-un-ultimatum-a-los-socios-comerciales-de-iran-9cd3de, y no parece casualidad dentro de la escalada gradual de asfixia financiera que se viene tejiendo en los últimos meses sobre la economía iraní.
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Hipótesis
Los principales beneficiarios de este movimiento son las estructuras de poder financiero y estratégico de Washington, que utilizan su monopolio sobre el sistema de pagos globales como arma geopolítica para disciplinar a aliados y competidores por igual, subordinando el comercio internacional a los intereses de su política exterior.
Históricamente, el uso del dólar y del sistema financiero internacional como instrumento de coerción y bloqueo económico sigue el patrón clásico de las guerras de desgaste de baja intensidad, donde las superpotencias buscan provocar colapsos internos y descontento social en los países sancionados sin comprometer tropas sobre el terreno, un manual aplicado en múltiples ocasiones contra naciones díscolas al orden occidental.
Desde una perspectiva crítica, los analistas disidentes señalan que este tipo de medidas de asfixia económica rara vez logran sus supuestos objetivos de cambio político, sirviendo en cambio para consolidar el control de los regímenes sancionados sobre sus economías internas, empobrecer a las poblaciones civiles y acelerar la creación de circuitos financieros alternativos al margen de la hegemonía estadounidense.