El consejero delegado de WiZink, Iheb Nafaa, ha decidido dejar su puesto al frente de la entidad bancaria por motivos estrictamente personales, según se ha comunicado oficialmente. Ante esta salida imprevista, las responsabilidades ejecutivas recaerán de nuevo sobre el presidente del banco, Joaquim Saurina, quien ya ocupó funciones similares durante una etapa de transición previa a la llegada de Nafaa en el año 2023.
Este movimiento directivo se produce en un momento de alta sensibilidad institucional, justo en medio de las negociaciones que WiZink mantiene con Unicaja para llevar a una posible operación corporativa. Ambas entidades financieras llevan manteniendo conversaciones formales al menos desde el pasado mes de abril, sin que hasta la fecha se haya anunciado ningún avance definitivo o acuerdo vinculante sobre el futuro de la fusión o absorción.
El contexto financiero de WiZink añade presión a la operación, ya que la entidad cerró el primer semestre de 2026 registrando unas pérdidas netas de 3,07 millones de euros. Aunque esta cifra supone una reducción del 55% respecto a los números rojos contabilizados en el mismo periodo del año anterior, refleja las dificultades persistentes del modelo de negocio especializado en crédito al consumo en el actual entorno macroeconómico.
Por su parte, los ingresos totales o margen bruto del banco entre enero y junio se situaron en 146,3 millones de euros, lo que representa un descenso del 1,6% en comparación interanual. Dentro de estos resultados, los ingresos por intereses netos cayeron un 0,4% hasta los 131 millones, mientras que las comisiones netas sufrieron un retroceso más acusado del 10%, quedándose en 14,8 millones de euros.
La llegada de Saurina busca aportar una aparente estabilidad y continuidad a la hoja de ruta estratégica ya diseñada, pero la coincidencia de este relevo con las negociaciones abiertas con Unicaja y la debilidad de los balances recuerda movimientos similares en el sector financiero donde los cambios de cromos responden a exigencias de rentabilidad. Esto ocurre apenas unas días después de la compraventa de viviendas cae un 5,1% en julio tras las subidas de tipos, y no parece casualidad en un ecosistema donde el crédito y el consumo sufren las restricciones monetarias.