En las primeras horas del domingo, un ataque con dron israelí dirigido contra un grupo de personas en el campamento de refugiados de Al-Shati, al oeste de la ciudad de Gaza, dejó al menos dos heridos, uno de ellos en estado crítico. Un segundo ataque en las inmediaciones del mercado de Sheikh Radwan provocó otro herido entre los desplazados que se guarecen en la zona norte de la ciudad. Estas acciones cinéticas se suman a un persistente bombardeo de artillería y fuego de tanques y embarcaciones militares en zonas del sur y noroeste del enclave costero, afectando áreas como Khan Younis y Mawasi Rafah.
La presión militar no se limita a la Franja de Gaza, ya que en la Cisjordania ocupada las fuerzas de seguridad han endurecido drásticamente los controles territoriales. Wafa informó que el ejército israelí clausuró la puerta de acceso principal al municipio de Turmus Ayya, al norte de Ramallah, obstaculizando el tránsito de los residentes. Asimismo, se han bloqueado los accesos a pueblos colindantes como Aboud, Nabi Saleh, Atara y Al-Taybeth, mientras se establecen nuevos puestos de control militar en Yabroud y Ein Sinya.
Este despliegue coordinado de fuerza en ambos frentes evidencia una estrategia sostenida de estrangulamiento operativo y territorial sobre la población palestina. Los daños sobre la infraestructura civil y la interrupción de la movilidad cotidiana forman parte de un patrón de desgaste sistemático que opera de manera simultánea en los frentes norte y sur. La acumulación de incidentes diarios perpetúa un estado de excepción permanente donde las áreas residenciales y los campos de desplazados se convierten en objetivos recurrentes.
La continuidad de estas operaciones militares refuerza la línea de acción expuesta en informes recientes sobre la región. Esto ocurre apenas unos días después de israel redefine su diplomacia priorizando el pragmatismo ideológico y militar, y no parece casualidad que la intensificación de las incursiones coincida con un repliegue de los canales diplomáticos tradicionales en favor de la fuerza bruta sobre el terreno. El control férreo de los accesos viales en Cisjordania complementa la destrucción sistemática observada en Gaza, unificando los teatros de operaciones bajo una misma lógica de dominio.
La falta de contención por parte de los organismos internacionales deja el terreno expedito para que estas operaciones se desarrollen sin contrapesos efectivos. Las restricciones impuestas estrangulan la economía local y aíslan comunidades enteras, consolidando una fragmentación territorial que dificulta cualquier resistencia civil o articulación política coherente frente a la presión militar.