Un incendio se desató en la madrugada del domingo en la refinería de Jazan, una instalación de 400.000 barriles diarios situada en la costa saudí del mar Rojo. El Ministerio de Energía saudí confirmó el fuego, que fue rápidamente extinguido sin que se reportaran heridos, aunque no detalló inicialmente el origen del incidente. Poco después, el grupo yemení de los hutíes, respaldado por Irán, reclamó la autoría del ataque mediante un lanzamiento de drones contra la infraestructura valorada en 21.000 millones de dólares.
La instalación de Jazan posee una importancia estratégica vital para Arabia Saudí, ya que permite exportar productos refinados directamente a través del mar Rojo sin necesidad de transitar por el estrecho de Ormuz. Este ataque pone de relieve la continua vulnerabilidad de los activos energéticos saudíes frente a la milicia yemení y agrava la inestabilidad en una de las rutas comerciales más vigiladas del planeta.
El incidente coincide con una intensa actividad diplomática entre Estados Unidos y la República Islámica para alcanzar un acuerdo que permita reabrir el estratégico estrecho de Ormuz. Mientras Washington y Omán presionan para destrabar el paso marítimo, Teherán mantiene una lista estricta de demandas que incluye la compensación por violaciones previas de acuerdos y la prohibición del paso de buques de guerra estadounidenses por la zona.
Las posturas entre ambos países siguen encontradas y el diálogo directo continúa bloqueado, limitándose a un intercambio de mensajes a través de intermediarios. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, insistió en que la reapertura está sujeta al cumplimiento de condiciones específicas, mientras que las facciones más duras dentro del aparato militar y político iraní intentan obstaculizar cualquier entendimiento con la administración norteamericana.
Esta escalada energética y militar encaja de lleno con el panorama regional actual. Como se apuntaba en la noticia Irán mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz ante las condiciones de EE. UU., las exigencias de Teherán continúan asfixiando los intentos de la Casa Blanca por asegurar una victoria diplomática rápida, un escenario que se complica aún más tras este nuevo sabotaje en territorio saudí.